Pero el tiempo, que casi todo lo cambia, ha hecho que en mi casa ya falten rosas para mi madre. Los 23 de Abril, y también el resto de días del año. Ya no hay cintas Beta en el armario encima de la televisión. Pero mi padre sigue escuchando (y cantando) a Lluis Llach y a Serrat. Por supuesto en catalán. Y la senyera sigue ahí, en el lomo de ese viejo diccionario dentro del mueble de encima de la televisión. Entre CDs y cintas VHS.
Y ahora soy yo el que trae las rosas envueltas en celofán. Una para mi hermana y otra para mi novia. Porque hay tradiciones que no entienden de lugares, ni de lenguas, ni de generaciones.
1 comentario:
Me has pedido que te haga el comentario que no se publicó, pero nopuedo, aquel día me afectó [y mucho] y ya no es lo mismo.
De todas maneras te decía que hay cosas que aunque no se vean, todavía existen. Y hasta aqui puedo leer...
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